Descubrí otra manera de ser fuerte
Nunca imaginé que una barra me enseñaría tanto sobre fuerza, disciplina y confianza en mí misma. Lo que comenzó como curiosidad terminó convirtiéndose en una pasión que transformó completamente la manera en que veo mi cuerpo, mi entrenamiento y hasta mi mentalidad. El pole no solo me retó físicamente; me enseñó a descubrir capacidades que ni siquiera sabía que tenía.
El fitness siempre ha sido parte de mi vida. Desde pequeña crecí siendo atleta, entrenando, moviéndome y aprendiendo a disfrutar el proceso de retarme física y mentalmente. Con el tiempo, el gimnasio se convirtió en un espacio donde encontraba disciplina, estructura y una manera de cuidar mi salud. Pero cuando descubrí el pole, entendí que mi cuerpo todavía tenía muchísimo más por enseñarme.
El pole y el fitness, para mí, van completamente de la mano. Aunque trabajan de maneras diferentes, ambos se complementan y han sido clave en mi crecimiento físico y personal. El gimnasio me ayudó a construir fuerza, resistencia y consistencia. Me enseñó disciplina y compromiso. Pero el pole llegó a retarme desde otra perspectiva: me obligó a aprender a controlar mi propio cuerpo, desarrollar fuerza con mi propio peso y trabajar músculos que ni siquiera sabía que existían.
Lo que más me impactó del pole fue darme cuenta de cuánto exige física y mentalmente. No se trata solo de hacer trucos o movimientos bonitos. Requiere fuerza, movilidad, flexibilidad, control, técnica, paciencia y mucha práctica. Hay días donde el cuerpo responde increíble y otros donde toca empezar desde cero otra vez. Y ahí es donde realmente ocurre el crecimiento.
A diferencia del gimnasio, donde muchos movimientos pueden sentirse más repetitivos, el pole constantemente me reta de maneras dinámicas y creativas. Me obliga a fluir, adaptarme, conectar con mi cuerpo y salir de mi zona de confort una y otra vez. Y aun así, nunca he sentido que uno reemplaza al otro. Al contrario: gracias al fitness he logrado avanzar en el pole, y gracias al pole he descubierto una fuerza y capacidad física que jamás imaginé tener.
Lo más bonito de este proceso ha sido entender que el progreso no ocurre de un día para otro. Se construye poco a poco, con disciplina, consistencia y amor por lo que haces. Muchas veces las personas solo ven el resultado final, pero detrás de cada logro hay intentos fallidos, frustraciones, cansancio y muchísima dedicación.
Hoy puedo decir que tanto el pole como el fitness han transformado mi vida. No solo físicamente, sino también mental y emocionalmente. Me han enseñado a confiar en mí, a celebrar mi progreso y a entender que nuestro cuerpo es capaz de mucho más de lo que creemos cuando decidimos trabajarlo con paciencia y propósito.
Y si algo quisiera que otras personas entiendan, es que no tienes que escoger entre ser fuerte o sentirte libre, entre disciplina o creatividad. Puedes ser ambas cosas al mismo tiempo. Ahí es donde ocurre la verdadera transformación.
Por Omarys Soto
Instructora de OffStage Santurce