Por qué OffStage se siente diferente: La intención detrás de las luces, cortinas y privacidad del espacio

La realidad es que la iluminación cambia completamente la energía de un espacio.

Antes de abrir OffStage, tuve experiencias trabajando con fotografía y estando presente en sets de videos musicales y conciertos, y una de las cosas que más aprendí fue cómo la luz puede cambiar la manera en que uno se siente dentro de un lugar.

Puede hacerte sentir segura. Vulnerable. Sensual. Invisible. Cómoda.

Y cuando estás creando un espacio donde las personas vienen a conectar con su cuerpo, eso importa.

Personalmente, algo que siempre me ha pasado es que cuando tengo brotes de acné, me siento mucho más cómoda en espacios con iluminación baja o cálida.

No porque quiera esconderme, sino porque cambia la manera en que me veo.

De momento dejo de enfocarme tanto en mis “errores”. No estoy pensando en mi piel ni en verme perfecta frente al espejo. Simplemente puedo moverme.

Y aunque para mí puede ser el acné, para otra persona pueden ser sus estrías, su peso, cómo se peinó ese día, si vino maquillada o no, o cualquier inseguridad que probablemente nadie más está notando… pero uno sí.

Y eso es válido.

A veces olvidamos cuánto pensamos en nosotros mismos cuando estamos frente a un espejo.

Desde el principio, la idea era crear un lugar donde las personas pudieran sentirse cómodas antes de sentirse listas.

El concepto de OffStage siempre ha sido exactamente eso: estar fuera de la tarima.

El ensayo.

La práctica.

El detrás de cámaras.

El espacio antes del show.

Porque no todo el mundo se siente listo para ser visto inmediatamente.

Y aún así, ese momento sigue siendo importante.

Tu momento también es hoy, aunque todavía estés aprendiendo.

Por eso la iluminación del espacio tiene esa energía casi teatral. Como si ya estuvieras “on stage”.

No porque tengas que performear para alguien más, sino porque mereces sentirte bien desde antes.

Las cortinas también nacieron desde esa idea.

Hay personas que disfrutan sentirse observadas mientras entrenan. Y hay otras que no.

Por eso muchas veces durante Open Studio usamos las cortinas para crear más privacidad, más oscuridad o simplemente más comodidad.

Personalmente, nunca me han gustado mucho los espacios demasiado expuestos para moverme.

Siempre me he sentido más cómoda practicando sola, en mi cuarto, con mi propia iluminación, sintiendo que puedo conectar conmigo sin pensar que alguien me está mirando o analizando.

Y sé que así como yo, hay muchísimas personas más.

Personas que quieren aprender a moverse sin sentir presión. Sin pensar que la persona al lado las está juzgando. Sin sentirse observadas constantemente frente a un espejo.

Muchas de las personas que llegan al estudio están intentando esto por primera vez.

Y probablemente antes de salir de su casa se miraron en el espejo veinte veces pensando si venir o no.

Si se veían lo suficientemente bien.

Si les iba a salir.

Si alguien iba a notar sus inseguridades.

Muchas veces nos miramos bajo esa luz blanca fuerte del baño buscando todo lo que no nos gusta de nosotros mismos.

Y aunque a veces no lo parezca, todo el mundo está lidiando con algo.

Todos tenemos inseguridades.

Todos tenemos días donde no nos sentimos cómodos en nuestra piel.

Porque también es normal.

Es humano.

Hay días donde uno se levanta sintiéndose increíble. Y hay otros donde simplemente no.

Días donde quizás no tienes ganas de salir, de exponerte o de estar bajo luces fuertes porque no te sientes bien contigo misma.

Y aun así, quizás sí sientes que puedes venir al estudio.

Porque se siente cómodo.

Acogedor.

Privado.

Un lugar donde por un momento puedes desconectar ese pensamiento constante de estar analizándote.

Donde puedes disfrutar de tu cuerpo sin pensar tanto en tus “errores”, que realmente no son errores, aunque muchas veces uno los perciba así.

Y eso también está bien.

Pero uno merece sentirse cómodo.

Merece ir a un lugar donde pueda simplemente existir, moverse y sentirse bien consigo mismo sin tener que pensar constantemente en todo lo que quisiera cambiar.

Y muchas veces uno no se imagina el impacto que puede tener el sentirse bien aunque sea por un momento, especialmente cuando llevas tiempo sin sentirte así.

El poder verte diferente.

Percibirte con otros ojos.

Aprender algo nuevo.

Sentirte bonita.

Sentirte sensual.

Sentirte capaz.

Todo eso tiene un impacto mucho más grande de lo que pensamos.

En tu confianza.

En tu humor.

En cómo te relacionas contigo misma.

Incluso en cómo sales al mundo exterior.

Porque quizás por mucho tiempo nunca habías logrado sentirte de esa manera.

Y sí, el propósito es que aprendas cosas nuevas.

Pero también es que te sientas bien.

Y quizás en una clase no te salió el movimiento que el instructor enseñó.

Quizás ese día no te sentías fuerte.

No te sentías cómoda.

No sentías confianza en ti.

Pero aun así llegaste.

Y a veces eso también es importante.

Porque quizás no te llevaste el truco perfecto.

Pero te miraste en el espejo, hiciste un par de vueltas, te soltaste un poco… y te sentiste increíble.

Y eso también importa.

Porque no todos los logros se ven como un truco perfecto.

A veces el logro simplemente es sentirte bien contigo misma por un momento.

Y la relación que existe entre conectar con tu cuerpo y aprender a sentirte bien contigo misma es algo difícil de explicar si nunca lo has vivido.

Aprender cómo tu cuerpo se mueve.

Descubrir de lo que es capaz.

Sentirte presente dentro de ti otra vez.

Eso cambia cosas.

Y muchas veces no te das cuenta de cuánto necesitabas sentir algo así hasta que finalmente lo experimentas.

Y si logramos crear aunque sea un poco de ese sentimiento en alguien, entonces eso es exactamente lo que hace que todo este proyecto tenga sentido.

Por Clara

Fundadora & Directora Creativa de OffStage Santurce

Next
Next

Descubrí otra manera de ser fuerte